Desarrollo Económico Local: Estrategia De Cooperación
Público-Privada
Francisco Alburquerque
Consejo Superior de Investigaciones Científicas
Instituto de Economía y Geografía
Pinar 25 (28006) Madrid
F.Alburquerque@ieg.csic.es
1. Limitaciones del ajuste estructural aplicado en América Latina
y el Caribe
En la aplicación de los procesos de ajuste estructural en América
Latina y el Caribe se ha hecho un énfasis principal, y a veces
casi exclusivo, en los programas de estabilidad macroeconómica,
suponiendo que ello era suficiente para asegurar el desarrollo. Asimismo,
dichos procesos de ajuste se acompañaron de un conjunto de elementos
adicionales que han acabado por profundizar la debilidad de dichas economías,
las cuales han sido expuestas a condiciones de competitividad externa
de forma drástica, sin los correspondientes períodos de
adaptación que les hubieran permitido ir incorporando las innovaciones
requeridas en los diferentes procesos productivos. Por otra parte, se
ha alentado de forma irrestricta el desmantelamiento del Estado en la
suposición de que la iniciativa privada puede asumir las responsabilidades
de éste en cuanto al funcionamiento y regulación de la
economía y la sociedad en el mundo actual. Este planteamiento,
que dista mucho de ser el camino que en su día permitió
a los países desarrollados sentar sus propias bases de desarrollo
ha sido, sin embargo, planteado o impuesto a las economías de
esta región con no pocas dosis de fundamentalismo, y ello ha
acabado de conformar un contexto en el que las dificultades para el
funcionamiento de estas sociedades se han acumulado considerablemente.
La principal limitación de los procesos de ajuste estructural
tal como éstos han sido aplicados en la práctica, según
la orientación principal del denominado Consenso de Washington,
ha sido la de no incorporar las dimensiones propias del cambio estructural,
esto es, las exigencias de los cambios obligados por la reestructuración
tecnológica y organizativa, las nuevas formas de producción
y gestión y las necesarias adaptaciones de la Administración
y organizaciones públicas a los distintos escenarios territoriales,
superando los enfoques centralistas y de carácter agregado. En
lugar de enfrentar todos estos cambios propios de la nueva fase de transición
tecnológica en la actual onda larga de desarrollo económico,
los planteamientos ortodoxos del ajuste estructural, así como
otras aproximaciones supuestamente críticas, han situado en primer
lugar el tema de la globalización y el acceso a los mercados
internacionales, invitando con ello a un desenfoque no menor del escenario
en el que nos encontramos, y colaborando de ese modo a la confusión
acerca de la búsqueda de estrategias de desarrollo, las cuales
parece que hubieran desaparecido como posibilidad real.
Hay que insistir, sin embargo, en que la creciente apertura y exposición
externa de las economías constituye tan sólo un aspecto
de la caracterización del sistema económico mundial junto
al cual se dan otras circunstancias de igual o mayor relevancia, sobre
todo para la explicación del funcionamiento del mundo menos desarrollado.
En cualquier caso, la creciente globalización económica,
financiera y mediática no hace sino exponer en forma mucho mayor
la heterogeneidad de situaciones a nivel internacional y al interior
de los diferentes Estados, lo cual obliga a una aproximación
territorial al desarrollo económico, un tema que no puede seguir
siendo tratado mediante una visión simplista basada en indicadores
promedio agregados referidos a un supuesto funcionamiento homogéneo
de los Estados nacionales o por una lógica única globalizadora
de los grandes grupos empresariales.
2. La heterogeneidad del sistema económico mundial
El sistema económico mundial es, conviene no olvidarlo, una
expresión abstracta que se utiliza para referirse a la economía
internacional en su conjunto. Pero eso no quiere decir que la economía
internacional funcione como un único sistema o un único
mercado. Existe un núcleo globalizado de actividades dinámicas,
junto a una inmensa mayoría de actividades que se desenvuelven
en ámbitos locales, protagonizadas mayoritariamente por microempresas
y pequeñas empresas. Alrededor del núcleo globalizado
de actividades cuya lógica de funcionamiento es mundial se encuentran
segmentos de actividades y grupos vinculados a dicha lógica global.
Pero, asimismo, hay también un conjunto importante de actividades
que poseen una reducida o mínima relación con las actividades
del núcleo globalizado de la economía mundial (Cuadro
1).
Cuadro 1

Según datos del World Development Indicators 2000 del Banco
Mundial, la parte de la producción mundial que es objeto de exportaciones
sólo alcanza, en promedio, el 23% en 1998. Ello quiere decir
que la producción no comercializada internacionalmente es la
gran mayoría de la producción mundial. No todo está
tan globalizado, como vemos, ni el mundo es únicamente un solo
mercado (Cuadro 2).
Del mismo modo, la inversión extranjera directa, esto es, la
parte de la inversión extranjera que se concreta en nuevas instalaciones
productivas es solamente un 2,2% de la producción mundial, lo
que muestra que las actividades productivas en el mundo no vienen explicadas
exclusivamente por las decisiones que protagonizan las grandes empresas,
nacionales o extranjeras. Como podemos apreciar con estos datos básicos,
la producción local no es una cuestión marginal, sino
la forma normal de funcionamiento de la gran mayoría de la gente
en el mundo en desarrollo, una cuestión que desde la perspectiva
de la cooperación al desarrollo no puede ser omitida ni dejada
únicamente a los planteamientos y políticas asistenciales.
Cuadro 2

El Cuadro 3 muestra los datos correspondientes a la participación
de las exportaciones de bienes y servicios en el producto nacional bruto
latinoamericano, la cual es en promedio tan sólo el 15% en 1998.
En otras palabras, la producción de ámbito interno en
América Latina es aproximadamente el 85% de la producción
total. Igualmente, como se aprecia en el Cuadro 4, la inmensa mayoría
de las empresas formales existentes en América Latina son micro
y pequeñas empresas, las cuales suponen en promedio más
del 96% del total de empresas existentes y casi el 57% del empleo.
La inserción internacional no garantiza, pues, suficiente difusión
del progreso técnico en los diferentes sistemas productivos locales.
Los eslabonamientos productivos con las actividades dinámicas
externas son reducidos, siendo limitada la creación neta de empleo
cualificado y reducidos los efectos de difusión de innovaciones
en la base productiva de cada territorio. Esto hace necesaria una política
territorial para el fomento de la innovación productiva y el
desarrollo empresarial, así como para la formación de
recursos humanos según las necesidades existentes en cada sistema
productivo local, y para asegurar las condiciones de sostenibilidad
ambiental en las diferentes actividades desplegadas.
Todos los sistemas productivos locales requieren, por tanto, asegurar
la introducción de las innovaciones productivas en su base económica,
así como mejoras de competitividad en sus mercados. De este modo,
hay que acompañar las políticas de estabilidad macroeconómica
y ajuste externo con políticas de desarrollo económico
local, a fin de dar adecuada respuesta a los cambios estructurales de
la actual fase de transición tecnológica, en el contexto
de la globalización y mayores exigencias en los mercados.
Esto no significa que el desarrollo económico local se limite
únicamente al funcionamiento de actividades productivas que se
realizan en mercados internos. No es así. Algunas de las iniciativas
de desarrollo económico local utilizan también las oportunidades
de dinamismo externo existentes. Lo importante es saber incorporar ese
dinamismo exógeno como parte de una estrategia local de desarrollo.
Cuadro 3

Cuadro 4

3. Competitividad sistémica territorial y desarrollo económico
La competitividad es la capacidad de mantener y ampliar la presencia
en los mercados, lo cual comienza -aunque no concluye- con el logro
de los mejores niveles de eficiencia productiva o productividad dentro
de la actividad transformadora. Ello es así porque además
de lograr eficiencia productiva es preciso haber incorporado previamente
la información de los mercados, apostar por la calidad y la diferenciación
del producto y asegurar una atención adecuada a los clientes,
entre otras cuestiones básicas.
Tanto la competitividad como el desarrollo son sistémicos, esto
es, resultado del esfuerzo organizativo e institucional del conjunto
de actores sociales. Por ello no basta únicamente con asegurar
las condiciones generales de estabilidad macroeconómica, sino
que es preciso introducir las innovaciones productivas y de comercialización
apropiadas en el nivel micro de cada sistema productivo local, incorporando
la necesaria capacidad de gestión empresarial y tecnológica
y la integración en redes de cooperación para acceder
a la información estratégica o compartir ventajas de la
especialización productiva y comercial.
Para ello, es preciso fomentar la cultura local emprendedora y dotarse
de una estrategia de desarrollo territorial. En otras palabras, es preciso
actuar en el nivel meta a fin de disponer de factores socioculturales
y valores favorables a la incorporación de actitudes innovadoras
o emprendedoras.
Del mismo modo, para asegurar una actuación en cada ámbito
territorial es necesario actuar también en el nivel meso, a fin
de crear entornos favorables para el fomento del desarrollo local, lo
cual exige el fortalecimiento de los gobiernos locales incorporando
en ellos la lógica del desarrollo económico local y, sobre
todo, abrir espacios de intermediación y cooperación entre
actores públicos y privados a nivel territorial, a fin de alcanzar
los necesarios consensos para el desarrollo local (Cuadro 5).
Cuadro 5

Cuando se alude a la introducción de innovaciones productivas
no solamente me refiero a las innovaciones estrictamente tecnológicas,
ya sean de producto o proceso productivo, sino también a las
innovaciones de gestión y las innovaciones sociales e institucionales.
Son innovaciones tecnológicas de producto, por ejemplo, la incorporación
de nuevos materiales, las mejoras en diseño y diversificación
de productos, la creación de marcas y la certificación
de calidad. Las innovaciones de proceso productivo se refieren, por
su parte, a la incorporación de nuevos equipos, nuevas instalaciones,
mejoras en la línea de producción, control de calidad
o informatización.
Innovaciones de gestión son las mejoras en la flexibilidad y
eficiencia productiva, mejoras en la cualificación de los recursos
humanos o en los procesos de trabajo, el acceso a redes de información
estratégica o el establecimiento de relaciones de colaboración
con proveedores y clientes. Finalmente, las innovaciones sociales e
institucionales son también parte esencial de las innovaciones
productivas.
Me refiero, por ejemplo, a la promoción de actividades innovadoras,
el fomento de la cultura emprendedora, la descentralización de
decisiones sobre innovación o la concertación de actores
públicos y privados.
Como se aprecia, la introducción de innovaciones productivas
-una cuestión crucial para el desarrollo económico- no
solamente depende de la existencia de personas con capacidad emprendedora,
sino que requiere la existencia de entornos territoriales innovadores.
Así pues, los problemas tecnológicos, la cualificación
de recursos humanos y la sostenibilidad ambiental, tres grandes temas
del desarrollo económico, sólo pueden tratarse adecuadamente
desde el nivel territorial.
El territorio, por tanto, no puede reducirse a simple espacio abstracto
e indiferenciado. En su lugar hay que considerarlo como un actor fundamental
de desarrollo, integrado no sólo por el medio físico sino
por los actores sociales y sus organizaciones, las instituciones locales,
la cultura y el patrimonio histórico local, entre otros aspectos
básicos. Todos ellos son importantes en la nueva visión
del desarrollo, que incorpora además del capital económico
y financiero las diferentes dimensiones del capital humano, el capital
social e institucional y el capital natural (Cuadro 6).
Cuadro 6

4. Empresas, redes y territorio
Anteriormente ya señalé la importancia de las micro y
pequeñas empresas desde el punto de vista del empleo y, por tanto,
del ingreso. Igualmente, esa presencia es muy importante desde el punto
de vista de la presencia difusa de este conjunto de empresas en el territorio,
lo cual las hace especialmente importantes para la distribución
del progreso técnico a lo largo y ancho del territorio de cualquier
país.
Existe, sin embargo, un desajuste importante entre la decisiva contribución
de este colectivo de empresas de pequeño tamaño a la economía
nacional, al empleo y el ingreso, de un lado, y la fragilidad de las
mismas ante las crecientes exigencias competitivas, de otro.
De ahí la importancia decisiva de contar con una política
territorial de fomento productivo para asegurar la introducción
de innovaciones en los diferentes sistemas productivos locales, lo cual
constituye una cuestión crucial para el desarrollo económico
y social de cualquier territorio.
Sin embargo, conviene señalar que las empresas no están
organizadas en censos o catastros, sino en cadenas productivas o “clusters”
(agrupamientos o racimos de empresas) que integran los correspondientes
eslabonamientos productivos “hacia atrás” (relaciones
con proveedores de insumos y materias primas en general) o “hacia
delante” (relaciones con distribuidores, comerciantes y clientes)
que dan sentido a la actividad de las mismas. De este modo, la eficiencia
productiva y la competitividad no dependen exclusivamente de las empresas
contempladas de forma aislada, sino de los agrupamientos o redes de
empresas, así como de la capacidad de impulsar innovaciones que
posee el territorio donde se localizan esos agrupamientos de empresas.
La identificación territorial de dichos sistemas territoriales
de empresas y el detalle de sus eslabonamientos productivos resulta,
pues, crucial para poder elaborar estrategias apropiadas de desarrollo
local. Por eso se insiste en que el desarrollo local no es lo mismo
que desarrollo municipal, ya que las fronteras de los sistemas productivos
locales no tienen porqué coincidir con las fronteras político-administrativas
de los diferentes municipios. En ocasiones la base económica
local es bastante similar en varios municipios colindantes y, en otros
casos, sobre todo en municipios de gran tamaño, es posible identificar
diferentes sistemas productivos locales. En el primer caso es necesario
alentar la creación de una mancomunidad de municipalidades para
abordar de forma conjunta la estrategia de desarrollo local, mientras
que en el segundo caso la situación es bastante diferente. De
ahí que se subraye la importancia de la flexibilidad de instituciones
e instrumentos para una eficaz política de desarrollo económico
local.
En todo caso, como se aprecia, es preciso superar la habitual aproximación
sectorial en el análisis de la economía local ya que las
actividades productivas reales utilizan insumos que proceden de los
distintos sectores económicos y son todas ellas de naturaleza
multisectorial.
Por ejemplo, una actividad textil que utiliza materia prima procedente
del sector primario la cual es transformada mediante el uso de maquinaria
industrial y servicios de diseño e información de mercados,
entre otros, no puede ser apreciada en su integridad desde la clásica
división sectorial que establecen las estadísticas económicas
convencionales que parcelan la actividad real en los sectores primario,
secundario y terciario. Dicha clasificación convencional ayuda
muy poco a mostrar la naturaleza real de los procesos productivos, de
ahí que se precise una aproximación diferente para elaborar
los Sistemas de Información Territorial para el desarrollo económico
local.
Por otra parte, para el fomento de las microempresas y pequeñas
empresas no es suficiente una política genérica de apoyo
desde el nivel central del Estado. Se requiere una política activa
y concertada entre los diferentes actores, de apoyo a la innovación
y desarrollo empresarial de dichas empresas en los diferentes ámbitos
territoriales.
El diferente perfil productivo en dichos territorios y la complejidad
y variedad de las actuaciones de innovación y desarrollo empresarial
concretas, así como la necesidad de adecuar la oferta de formación
de recursos humanos a las necesidades existentes en los diferentes sistemas
productivos locales, y la importancia cada vez mayor de atender a las
características medioambientales de cada territorio, obligan
a un diseño flexible (esto es, contextualizado según las
diferencias territoriales) que debe buscar la cooperación público-privada
en cada ámbito local a fin de encarar una adecuada estrategia
de desarrollo económico.
5. La concertación público-privada para construir la
oferta territorial de los servicios de desarrollo empresarial
Por lo general, las microempresas y pequeñas empresas suelen
mostrar grandes dificultades en el acceso territorial a algunos de los
servicios a empresas más importantes, como son la información
empresarial, la capacitación en gestión empresarial y
tecnológica, la formación de recursos humanos, el apoyo
a la innovación productiva, la comercialización y fomento
de la exportación, la cooperación empresarial, el fomento
de nuevas empresas, y el asesoramiento financiero para la realización
de proyectos de inversión. Todos estos servicios reales a empresas
se unen a las dificultades habituales para el acceso al financiamiento,
sobre todo el de medio y largo plazo. De ahí que la construcción
de una oferta territorial de servicios de apoyo a la producción
de este tipo de empresas de pequeña dimensión sea un aspecto
decisivo para el desarrollo económico local (Cuadro 7).
Así pues, una política territorial activa para el fortalecimiento
de la base empresarial local en relación con la innovación
tecnológica, la cualificación de los recursos humanos
y el desarrollo sostenible es fundamental para sustentar un proceso
de desarrollo local. Para ello se requiere, sobre todo, una actuación
decidida de los diferentes actores locales, públicos y privados,
a fin de buscar la óptima vinculación entre los diferentes
elementos del sistema territorial de capacitación de recursos
humanos y las necesidades del sistema productivo local; así como
la construcción de entornos innovadores territoriales basados
en la concertación estratégica de los diferentes actores
locales.
Como se aprecia, hay políticas decisivas que no pueden hacerse
eficiente ni eficazmente desde una óptica genérica ni
desde una perspectiva centralista. Requieren su contextualización
en cada escenario territorial (social y cultural) concreto, para lo
cual se precisa desplegar un ejercicio de concertación de actores
sociales en cada ámbito territorial.
Cuadro 7

En todo ello, la experiencia ya acumulada por multitud de iniciativas
locales de desarrollo y generación de empleo durante estas últimas
décadas en numerosos países, puede servir de referencia
importante para dar contenido a una emergente cooperación que
busca promover tanto la cooperación público-privada de
actores territoriales como la coordinación de programas de cooperación
que necesitan ser contemplados de forma conjunta, como son los programas
de fortalecimiento de la gestión pública local, de un
lado, y los programas de fomento productivo de microempresas y pequeñas
empresas, de otro.
6. Importancia de la descentralización y el fortalecimiento
de los gobiernos locales
De otro lado, hay que subrayar que la descentralización constituye
una herramienta importante para alentar las iniciativas locales de desarrollo
al facilitar la cesión de competencias, recursos y responsabilidades
a las diferentes administraciones locales (regionales, provinciales
y municipales). Con ello pueden liberarse iniciativas potenciales de
desarrollo en cada territorio, a partir de sus recursos endógenos,
ejerciendo los actores locales su capacidad para decidir y liderar sus
propios procesos de desarrollo.
De este modo la estrategia de desarrollo local se sustenta en tres
pilares básicos como son la descentralización y fortalecimiento
de las administraciones locales; la creación de entornos territoriales
innovadores; y el fomento de iniciativas de desarrollo económico
local y generación de empleo y renta, lo cual contrasta con las
estrategias tradicionales de desarrollo de carácter centralista,
basadas en un diseño sectorial de instrumentos de fomento, con
despliegue de políticas compensatorias o asistenciales.
Cuadro 8

Las políticas descentralizadas poseen, pues, rasgos diferenciales
respecto a las políticas centralistas (Cuadro 8). Las políticas
descentralizadas se caracterizan por su horizontalidad y carácter
indirecto, orientadas a crear oportunidades y un entorno territorial
favorable a los emprendimientos innovadores, lo cual las diferencia
de los tradicionales subsidios a la producción o el asistencialismo.
Igualmente, ello contrasta con la verticalidad que caracteriza a las
políticas centralistas, las cuales se dictan desde el nivel central
del Estado con un carácter generalista, esto es, se suponen válidas
para cualquier espacio geográfico, mientras las políticas
descentralizadas son selectivas, tratando de adaptarse a los diferentes
perfiles productivos territoriales.
Las políticas centralistas piensan la economía nacional
básicamente como un conjunto de sectores, mientras las políticas
descentralizadas lo hacen pensando la economía nacional como
un conjunto de economías locales, lo cual les lleva a añadir
una característica adicional reiteradamente citada, como es la
concertación de dichas políticas con los distintos actores
territoriales.
El respaldo decidido a la descentralización, a fin de dar mayor
responsabilidad y competencias a los gobiernos locales para el fomento
del desarrollo económico y la creación de empleo en los
diferentes ámbitos territoriales; la importancia de la introducción
de innovaciones productivas y su difusión en la base productiva
y el tejido empresarial de cada territorio; la creación de entornos
sistémicos de competitividad territorial y el desarrollo de la
oferta apropiada de servicios de desarrollo empresarial para las micro
y pequeñas empresas, son todos ejes estratégicos fundamentales
del nuevo enfoque de la política económica territorial.
Como vemos, resulta necesario superar los planteamientos asistencialistas
y dejar de considerar las actuaciones de ámbito local como temas
de menor importancia o protagonizadas por actores empresariales “no
viables”, informales o de reducida relevancia. Este tipo de actores
empresariales de pequeña y mediana dimensión constituyen
la inmensa mayoría, no solamente en los países subdesarrollados
sino también en las economías desarrolladas. Se trata,
por consiguiente, de la parte más numerosa del conjunto de empresas
existente las cuales, como se ha insistido, son fundamentales desde
el punto de vista del empleo e ingreso de gran parte de la población.
El enfoque integrado del desarrollo local permite, pues, actuar de
forma consistente en la generación de empleo e ingreso en los
diferentes ámbitos territoriales, enfrentando la pobreza y el
desempleo de forma no únicamente asistencial. Para ello, sus
objetivos específicos tratan de lograr una mayor efectividad
y eficiencia de la política de desarrollo económico y
social mediante un diseño territorial de la misma y la adecuación
de los instrumentos de fomento a las demandas de innovación que
tienen los diferentes sistemas productivos locales en los distintos
territorios, en los cuales es crucial impulsar la movilización
y participación de los diferentes actores, a fin de consensuar
las necesarias estrategias de desarrollo local como resultado de la
cooperación público-privada en los mismos.
En suma, los programas de apoyo a la microempresa y pequeña
empresa, de un lado, y los programas orientados al fortalecimiento institucional
de los gobiernos locales, de otro, no deben operar de forma aislada.
En su lugar se requiere aunar esfuerzos mediante un diseño integrado
de desarrollo local, en el cual la descentralización, lejos de
considerarse únicamente como un tema de gestión de los
recursos transferidos a las administraciones locales, debe ser considerada,
principalmente, como una herramienta fundamental para la mejor identificación
de los actores y recursos de cada ámbito territorial, a fin de
generar oportunidades de crecimiento económico e ingreso para
la población local, a través del establecimiento de las
correspondientes estrategias público-privadas de desarrollo en
dicho territorio.
Madrid, julio de 2003